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En familia

A 50 años de la  Ley de Reforma Agraria

 

-Ronal Suárez Ramos

 

La promulgación de una Ley de Reforma Agraria profundamente radical, el 17 de mayo de 1959, constituyó sin duda un acto de valentía política de la dirección de la Revolución, a menos de cinco meses de haber tomado el poder.

 Cumplía así una idea esbozada por Fidel Castro en su alegato de autodefensa, durante el amañado juicio que se le siguió por haber atacado el cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, con el fin de promover el derrocamiento de la dictadura batistiana.

 En aquella ocasión, el joven abogado devenido líder revolucionario habló de las familias del campo que vivían como parias, cultivando una tierra que no podían mejorar, porque ignoraban en qué momento llegaría la guardia rural a desalojarlas.

 No solo ellos serían los beneficiados. La Reforma Agraria cubana cumplió el principio de “la tierra para el que la trabaja”, al convertir en propietarios a colonos y subcolonos, arrendatarios y subarrendatarios, aparceros y precaristas.

 De hecho eliminó a un sistema semifeudal, mediante el cual los campesinos pobres debían derramar ríos de sudor sumidos en la más espantosa miseria, para pagar en dinero o en especie a los ricos terratenientes.

  Pero aunque era Cuba un país agrario, en su estructura productiva no predominaban los campesinos, sino los obreros agrícolas asalariados, empleados muchas veces de forma cíclica en grandes plantaciones de caña, arroz, tabaco, y otros cultivos, propiedades de compañías norteamericanas y poderosos hacendados criollos.

  Esos trabajadores vieron desaparecer el llamado “tiempo muerto”, que se extendía por los campos entre una y otra cosecha, al convertirse los latifundios en empresas estatales, con producciones diversificadas y acceso a la ciencia y la técnica., y todo el amparo de la seguridad social.

   Para los campesinos convertidos en propietarios, fue la posibilidad de liberarse de otras formas de explotación, como los bajos precios de sus productos, comercializados generalmente por intermediarios; y lo altos intereses de los créditos que recibían.

  Fue, sobre todo, la oportunidad de vivir con dignidad; de tratar como iguales a los hasta entonces todopoderosos caciques rurales, dueños del destino de todos los que se asentaban en sus tierras. 

  Después vendrían otras ventajas, como el acceso al servicio eléctrico, al agua potable, a los consultorios médicos y todo el sistema de salud, a escuelas decorosas para los niños.

 De ahí la connotación de una Ley que habría de cambiar radicalmente la vida en el campo, y cuya promulgación le granjeó a la Revolución el odio de sucesivas administraciones estadounidenses.

 

  Meses después comenzaba a fraguarse la invasión armada que finalmente se llevaría a cabo en abril de 1961 por Bahía de Cochinos, provincia de Matanzas, derrotada en menos de 72 horas por las fuerzas armadas y las milicias cubanas.

 Buena parte de los que marcharon a combatir a los invasores, u ocuparon trincheras en otros puntos del territorio nacional por donde  podía esperarse  un desembarco, eran campesinos y obreros agrícolas.

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