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En familia

Dos noticias marcan la diferencia

 

-Ronal Suárez Ramos

 

Hace una semana me sorprendió el reporte de una televisora extranjera, que mostraba a un grupo de hombres y mujeres acampados a la intemperie en la capital de su país, para llamar la atención sobre el problema que les aqueja.

  Se trataba de trabajadores de la caña de azúcar que padecen de insuficiencia renal, y acusaban a las compañías para las cuales laboran, de haber utilizado productos químicos que les causaron tan penosa enfermedad.

   Reclamaban acceso al tratamiento médico, hasta ese momento denegado, y hablaban de cientos de muertos causados por el abandono en que estaban sumidos y de los oídos sordos de quienes aumentaron cuentas bancarias a costa de su sudor.

 No pude menos que recordar lo que en Cuba se hace para  mantener la esperanza de quienes se encuentran en situaciones de salud parecidas.

  En medio de las enormes dificultades económicas que enfrentó el país desde principios de la década de 1990, fueron adquiridos cientos de riñones artificiales para ampliar los servicios de hemodiálisis.

 En Pinar del Río, por ejemplo, además de ampliarse las capacidades del hospital  Abel Santamaría, fueron habilitadas salas con tal fin en los municipios de Sandino -en el extremo occidental- y San Cristóbal, en la parte Este de la provincia.

  Aledaños a esos lugares se construyó la casa del nefrótico, para alojar a quienes debían ser trasladados de territorios vecinos, con adecuada alimentación incluida.

  Todos los enfermos tienen derecho al tratamiento indicado de forma gratuita y para ello se les dan todas las facilidades. Es algo que no siempre aquilatamos en toda su magnitud, acostumbrados a las bondades de nuestro sistema

 Anoche, presencié también en la televisiónnacional, otra noticia que motivó este comentario. Aparecían en la pantalla decenas de personas que regresaban de la capital del país a la Isla de la Juventud.

 Como aquel territorio fue barrido por el huracán Gustav hace siete meses, los pacientes de insuficiencia renal debieron ser trasladados a Ciudad de La Habana para continuar el tratamiento que les mantendría con vida.

   Volvían a su isla porque ya fue restablecida, e incluso mejorada, la sala del hospital local donde se les realiza el proceso de purificación de la sangre.

 Se mostraron satisfechos y agradecidos del trato que recibieron en los centros de salud. Todo sin desembolsar un solo centavo.

Cuando celebramos el Día Mundial de la Salud, son dos noticias que marcan la diferencia.

 

 

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