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En familia

La Ley que desató la ira del imperio

 

Por Ronal Suárez Ramos

 

El proceso revolucionario cubano, que tuvo su momento culminante el primero de enero de 1959 mediante el derrocamiento de la tiranía batistiana, no había declarado aún su carácter socialista el 17 de mayo de 1959.

  Pero bastó con que ese día se firmara la Ley de Reforma Agraria que hacía propietarias de la las tierras  a decenas de miles de familias del campo, para que el Gobierno de los Estados Unidos le declarara la guerra a la naciente Revolución, y le pusiera el cartelito de ¡comunista!

 Claro que intereses del poderoso vecino se veían afectados por aquel acto de soberanía y definitorio de una línea política independiente: téngase en cuenta que en casi 50 años de república mediatizada, los monopolios yanquis habían tenido todas las ventajas para repartirse los mejores suelos del archipiélago cubano.

 Los mayores latifundios cañeros, o asociados a la producción de tabaco como la Cuban Land Company, eran propiedades de norteamericanos, no pocas veces obtenidas mediante sucios manejos y crueles despojos a nuestros campesinos.

 Poco tuvo en cuenta el imperio, acostumbrado a darle el visto bueno a las principales decisiones que se tomaban en la mayor de las antillas, los beneficios que traería la Ley para la inmensa mayoría de los hombres y mujeres que poblaban la campiña cubana.

  Porque si bien la mayor connotación la tuvo entonces el hecho de que arrendatarios y aparceros vieron realizados sus sueños de obtener la propiedad del pedazo de tierra en que laboraban, la Reforma Agraria fue mucho más.

 En un país donde terminada la zafra azucarera o la cosecha  de tabaco se iniciaba el llamado” tiempo muerto”, con cientos de miles de personas desempleadas, poseer trabajo todo el año era un verdadero sueño.

 Eso se logró mediante la creación de granjas estatales y cooperativas en tierras que por lo general permanecían ociosas.

Pero quienes gobiernan el país más poderoso del mundo, no podían permitir tales libertades en la que hasta poco antes fuera su fiel servidora.

 De inmediato se incrementaron las conspiraciones, decenas de bandas de alzado comenzaron a realizar todo tipo de tropelías, la CIA organizó innumerables actos de sabotaje, y no conformes con todo ello, prepararon en suelo norteamericano la invasión mercenaria que desembarcaría por Bahía de Cochinos en 1962.

  Ni esas, ni otras muchas acciones criminales fomentadas contra Cuba en casi medio siglo, fueron capaces de dar marcha atrás a aquella decisión histórica., con la que se cumplía un capítulo del programa esbozado por Fidel Castro en su alegato de autodefensa, durante el juicio que se le seguía por el asalto al cuartel Moncada.

   Hoy los hijos de aquellos hombres y mujeres beneficiados por la Reforma Agraria, llevan el peso de las principales producciones y tienen como primera responsabilidad  lograr la seguridad alimentaria, considerada por la dirección del país como un problema de seguridad nacional.

  Este 17 de mayo, junto a las tradicionales fiestas por la efeméride, ese propósito seguramente constituirá una nueva bandera.

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