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En familia

Luis y Sergio

A 50 años de un horrendo crimen

Por Ronal Suárez Ramos  

13 de agosto de 1957. En toda Cuba corren días de represión. El pueblo cubano y principalmente su juventud enfrenta a la tiranía batistiana. El poblado de San Juan y Martínez, 24 kilómetros al oeste de la capital pinareña, sería escenario de uno de los acontecimientos más oprobiosos. En aquella céntrica esquina el esbirro de la dictadura trata de registrar a Sergio; la provocación forma parte del complot. Desde la acera opuesta sale Luis increpando a la bestia, suena el primer disparo que lo abate inmediatamente.   “Si mataste a mi hermano mátame a mí también”, exclama Sergio mientras se abre la camisa y muestra el pecho desnudo al asesino. Más no hacía falta, esa era la encomienda del sicario. Una segunda bala, a boca de jarro, termina con el más joven de los hermanos Saíz Montes de Oca.  Un hecho premeditadoEl día anterior a su alevoso asesinato, una mujer que  viajó de Pinar del Río a San Juan y Martínez en un auto de alquiler, se presentó ante Esther, la abnegada madre, para alertarle que en el mismo vehículo iban dos hombres vestidos de civil cuyos rasgos eran característicos de los soldados, y al pasar frente a la casa de los Saíz, uno le comentó al otro: “Ahí es donde viven los hijos del juez”. Enseguida salió en busca de los muchachos, que a esa hora participaban en una reunión del Movimiento 26 de Julio a bordo de un barco pesquero en Boca de Galafre. Les contó lo sucedido y les pidió que no volvieran a salir de la casa. Ellos accedieron, pero le argumentaron que al día siguiente no podrían complacerla, pues era el cumpleaños de Fidel Castro y se proponían celebrarlo con una acción.  En la noche del 13 de agosto de 1957, tras ayudar a Esther a fregar los cubiertos, la besan y se despiden diciéndole:”No temas, algún día te vas a sentir orgullosa de nosotros”. “No habían transcurrido cinco minutos cuando vi personas que corrían. Pensé que se trataba de un incendio y salí a la calle, entonces escuché a una mujer que decía: ¡pobrecita, no sabe que son sus hijos!.. “En la casa de socorro el médico de guardia, cuñado mío, me apretó las manos y me dijo: Esther, tus hijos están muertos”, rememora esta mujer que, a los 97 años de edad, sigue siendo ejemplo de entereza y fidelidad a los principios de Luis y SergioSiempre junto a los humildes  Aunque integrantes de una familia de clase media, desde niños estuvieron muy vinculados a los sanjuaneros  más pobres, En una ocasión manifestaron a sus padres el deseo de que si morían por la Revolución no hubiera en sus funerales sarcófagos de lujo ni flores, mientras existían tantos infantes parasitados y hambrientos. Su voluntad fue respetada y, a pesar de que se recibieron muchas ofrendas florales, no se colocaron en el recinto donde tenía lugar el velorio. Un busto de Martí que siempre estuvo entre sus camas, y la bandera cubana, presidieron el acto fúnebre. Flores de desagravio La excepción fue un ramo de rosas, todo un símbolo de los principios y la firmeza de carácter de los inolvidables mártires. La anécdota es elocuente: En cierta ocasión Sergio visitó a un médico del pueblo para pedirle un libro de medicina que necesitaba, y aquel se lo negó, pero al enterarse de quién se trataba, enseguida trató de rectificar. “Si usted no es capaz de prestarle un libro a un simple estudiante, yo no puedo aceptarlo!, fue su respuesta tajante. Tan profundo caló aquella actitud en los sentimientos del profesional, que al conocer el horrendo crimen se presentó en la casa de los Saíz Montes de Oca y logró que aceptaran su ofrenda floral a manera de desagravio.Jóvenes de pensamiento avanzado Revolucionarios de pensamiento y acción, Luis cursaba el segundo año de Derecho y a la vez el primero de Filosofía, en la Universidad de La Habana. Sergio terminó el bachillerato en el único Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río, y se preparaba para optar por la carrera de Medicina..   A pesar de su corta edad (18 y 17 años, respectivamente) ambos tenían una amplia cultura, dada tanto por lo mucho que leían, como por lo observadores que eran de la realidad circundante. Dejaron una fructífera obra literaria y política que combinaron con la acción revolucionaria y con sus características de estudiantes ejemplares. Llegaron a la conclusión de que en Cuba era necesaria una revolución martiana y socialista, cuya proyección queda plasmada en el manifiesto Por qué luchamos, escrito tres meses antes de su desaparición física y considerado su testamento político. En él analizan la situación imperante, plantean la lucha contra la desigualdad; diseñan sistemas de educación y salud estatales, donde tanto la escuela como el médico estuvieran al alcance de todos, y se pronuncian por una profunda reforma agraria. Atacan al vicio, y particularmente al juego que, con la complicidad del régimen dictatorial se extendía por el país hasta hacer de Cuba “un inmenso garito”, y auguran una prensa revolucionaria “trinchera decidida de las causas populares”.Vislumbran la reacción imperialista, no obstante lo cual abogan por la necesaria nacionalización de las riquezas y al respecto apuntan: “Aunque este último sistema traería como consecuencia serios problemas diplomáticos y acaso se podría intentar repetir la operación Guatemala, si la Revolución está bien adentrada al pueblo, como lo estará, pueden lograrse los fines sin más contratiempos…” Y casi concluyendo el documento, dejan constancia de su inquebrantable decisión: “No tenemos más que nuestras vidas, avaladas con la honradez de un pensamiento justo y una obra inmensa que realizar, y como ofrenda de devoción y desprendimiento la hemos depositado en los brazos de la Revolución Cubana –justa, grande, renovadora, honrada, socialista- sin más esperanzas que ver algún día cumplidos estos sueños que hoy, en plena juventud y calor de lucha, llevamos a estas cuartillas”.Sueños  hechos realidadPregunté a Esther cómo concebiría a sus hijos hoy y respondió sin dilación: “Conocí sus pensamientos y tengo la tranquilidad de que la Revolución ha cumplido en todo momento los ideales por los que lucharon. “Ellos estarían, como entonces, con la misma fuerza de sus principios, junto a la Revolución y en el lugar que se les hubiera asignado. Luisito dijo que los días más difíciles vendrían después del triunfo, para evitar que las conquistas se perdieran.  “Y no se equivocaba. Veo la continuidad de sus luchas en los jóvenes que hoy libran la batalla de ideas para asegurar la irreversibilidad de este proceso, y con ello la garantía de que nunca volveremos al pasado oprobioso”. Nunca midas la utilidad de una vida por su largo, sino por la obra que se realiza, si mañana  nos matan y contribuimos con ello a que Cuba sea libre, para nosotros será como si hubiéramos sido eternos, habían dicho los entrañables hermanos,  conocedores del peligro a que se exponían.Ese mañana llegó, la historia los acogió en sus páginas y los ha eternizado. 

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