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En familia

El discurso de Bush merece una trompetilla  =Por Ronal Suarez Ramos  El discurso del presidente Bush para anunciar nuevas medidas contra Cuba, llegó al colmo del absurdo. Dijo tantas sandeces que para cualquier cubano no hay mejor motivo de reafirmación patriótica, que verle proyectar sus ideas, o más bien, su orfandad de ideas. No vaciló en proclamar que los Estados Unidos son el país que más ayuda humanitaria promueve hacia nuestro país, como si no recordáramos las imágenes de los Pastores por la Paz, batiéndose contra las autoridades para traernos unas computadoras. Habló de 270 millones de dólares el pasado año. ¿De donde sacó esa cifra?. Estará refiriéndose a la compra de alimentos que realiza el gobierno cubano con dinero constante y sonante, venciendo todas las trabas que la administración estadounidense pone a esas transacciones?. Llego al colmo de dirigirse a los militares y funcionarios cubanos en pose de perdonavidas, conminándolos a traicionar sus principios, y dijo que posiblemente quienes le estuvieran escuchando lo harían a riesgo de ser encarcelados. Tan ridículo es ese planteamiento, que quedo de inmediato descalificado, al transmitir la Televisión Cubana su diatriba, en la Mesa Redonda, uno de sus espacios de mayor teleaudiencia. Bush ofreció a nuestros jóvenes unas cuantas becas, olvidando que este pequeño país, bloqueado y calumniado, alberga a mas de 30 000 estudiantes extranjeros de distintas latitudes, que se forman aquí como profesionales sin costarles un centavo. Y tuvo el descaro de hablarle a nuestros niños, como si realmente estuviera preocupado por ellos, mientras hace unos días vetaba el proyecto para proveer de seguro medico a los millones de infantes que en su país no tienen esa protección. La respuesta del Gobierno Cubano, en boca de su canciller, no se hizo esperar. Fue contundente y respaldada por la razón. El señor Bush esta muy desprestigiado para asignarse el derecho a intervenir en los asuntos internos de una nación soberana. Yo solo quiero agregar lo que millones de cubanos, no comprometidos con la diplomacia, haríamos para responder a tantas estupideces: lanzar la clásica trompetilla. 
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